CONCURSO DE PROYECTOS DE ARQUITECTURA PARA EL ESPACIO PARQUE SAN FRANCISCO DE PUERTO DE LA CRUZ.

"Debo reconocer que, en mi interés por los objetos, siempre he confundido la cosa con la palabra... Desde entonces he visto en la arquitectura el instrumento que permite el acontecer de un hecho. He de decir que esa conciencia ha servido para aumentar, con los años, mi interés por el oficio, hasta el punto de que, en mis últimos proyectos, tan sólo intento diseñar construcciones que preparen un acontecimiento."

Aldo Rossi. Autobiografía científica.

 

El proyecto para el Parque San Francisco pretende ser, más que un edificio, un cofre en el que se puedan desarrollar momentos, experiencias y vivencias. La intención de diseño se encamina a liberar el espacio, el vacío, para el desarrollo de cualquier actividad.

La búsqueda se centra en alcanzar la mayor flexibilidad posible en los espacios principales e intentar que el resto pase desapercibido. Se trabaja con especial intensidad en el desarrollo de los espacios servidores para poder configurar los contenedores de actividades de una forma limpia.

Como en la novela del escocés Robert Louis Stevenson, el protagonismo es del tesoro, no de lo que lo contiene, por lo que es preciso rescatar ese “espíritu” que siempre mantuvo el Parque San Francisco, dotándolo de una envolvente que permita, en su interior, el desarrollo de la vida y del arte.

 

La propuesta no pretende integrar el edificio en el entorno de una manera mimética. La importancia que le confieren los futuros usos y la escala de implantación, aconsejan un tratamiento natural, en diálogo con lo existente pero sin una actitud pretenciosa.

Las referencias volcánicas, de las rocas basálticas, perviven en el imaginario de los insulares.

Los mecanismos de contraste facilitan la lectura de un entorno en el que el escalonamiento de las plantas altas permite la convivencia de bienes de interés cultural con bloques de viviendas.

El tratamiento epidérmico masivo no oculta la concepción introvertida del conjunto. La oscuridad del material de fachada y el despiece de la gran celosía, que protege el interior de una orientación adversa, evocan referencias naturales y ritmos de la ciudad histórica de la que formamos parte.

 

La riqueza programática configura tres grandes usos: museo, auditorio y administración. La calidad y claridad buscada en su cumplimiento valora la posibilidad de poder usar de manera autónoma dichos programas.

La casa Martel se dedica exclusivamente para fines representativos y de administración, poniendo en valor el patio original y evitando la distorsión de la riqueza espacial interior con subdivisiones innecesarias.

La estrategia a seguir la marca un volumen de comunicaciones verticales que divide la parcela en dos crujías que, tanto por orden estructural como espacial, integra el museo con el auditorio y las salas polivalentes. Este núcleo central, junto con el perímetro y el sótano, incorporan toda la complejidad de espacios servidores, de modo que el espacio vacío resultante quede a merced del uso programado.

 

El museo se basa en una secuencia de espacios concatenados en donde la comprensión del conjunto es sencilla y eficaz, de modo que el recorrido se hace intuitivo. Las relaciones visuales cruzadas enriquecen y sugieren nuevas formas de mirar, al tiempo que generan una atmósfera casi continua en la visita.

El auditorio, por su parte, se asienta en un plano inclinado de ligera pendiente (6%), que le permite diferenciar el patio de butacas del graderío para posibles compartimentaciones de menor aforo y desmontar los asientos para las propuestas de sala diáfana.

Las plantas altas acogen los usos complementarios con un programa más flexible, participando de la estructura espacial que se repite.

Su orientación y la superficie liberada en cubierta abre el camino de la sostenibilidad del edificio, en donde células fotovoltaicas podrían generar gran cantidad de energía eléctrica para un mejor comportamiento energético del edificio.