VIVIENDA UNIFAMILIAR EN QUISTILÁNS. AMES.

Fotografías: Héctor Santos-Díez

El territorio, la topografía, son previos al proceso de proyecto y construcción. Se pretende, en todo momento, resolver la actuación de la manera menos traumática, poniendo en valor lo existente: el emplazamiento, la orientación y el desnivel de la parcela.

El lugar deberá reconvertirse ya que no nos asegura su privacidad, una característica fundamental de la vivienda en nuestra cultura. Para ello se propone construir espacios introvertidos que tengan la capacidad de ser lo contrario, extrovertidos en determinados momentos.

Una planta casi cuadrada con un patio central se ubica en una plataforma que enlaza las distintas zonas. Esta aparente organización clásica dotará al proyecto de múltiples posibilidades.

La vegetación será el primero de los recintos que delimitará los espacios mediante tres elementos que garanticen la privacidad y la riqueza del conjunto:

Un cierre vegetal del terreno, árboles dispersos que generarán nuevas estancias con relación a la nueva construcción y una pérgola que funciona como protección solar y del conjunto, generando a su vez un vestíbulo natural en la finca.

La configuración de las cubiertas de la vivienda “impluvium” permite obtener una limpieza absoluta en las fachadas exteriores y recoger hacia el interior de una manera más eficiente, tanto la luz y el aire, como el agua de lluvia.

Este elemento pasará a formar parte de ese espacio central de la vivienda, a la vez que se podrá usar reciclándolo. Si esto no ocurriera y no se reutilizara en el interior o para el riego del exterior, podría pasar a formar parte de nuevo del ciclo natural, contribuyendo al caudal del estanque o futura piscina para pasar finalmente al regato existente en el cierre norte.

La idea es crear espacio, volumen en todas las direcciones y de manera que se concatenen las visiones, las sensaciones y se enriquezca todo ello a través del uso.

La generatriz podría ser el patio central (aunque lo podría ser cualquier otra estancia o espacio exterior) y a partir de ahí asociarse o combinarse para romper los límites del dentro-fuera.

Esta característica le permitirá a una vivienda de escasos 200 metros cuadrados, tener una espacialidad tal, que la sensación sea de 350.

La doble orientación de todas las zonas de la vivienda, genera espacios soleados y ventilados, y mejora el confort y la eficiencia energética.